Por: Gil Rodriguez
La comparación que duele, pero que ya es imposible ignorar
México vive una contradicción deportiva que ya no se puede tapar con discursos: tenemos dos selecciones nacionales que representan al mismo país, pero no al mismo espíritu. El Tri de béisbol, con Benjamín Gil al frente, compite, emociona, conecta y juega con una fiereza que ilusiona.
El Tri de futbol, bajo Javier Aguirre, se cae, se desinfla, se esconde y se hunde incluso ante rivales que, por historia y calidad, no deberían ponernos a sufrir. Y mientras uno inspira respeto mundial, el otro pide paciencia con la misma tibieza de siempre.
1. Siempre hemos tenido más talento en béisbol
La diferencia empieza por lo más simple: México tiene muchísimo más talento real en béisbol que en futbol. El pelotero mexicano produce en ligas grandes, se gana su lugar, compite en el más alto nivel. El futbolista mexicano, en cambio, llega inflado, sobreevaluado y sin el roce que tienen las grandes potencias.
El Tri de beisbol funciona porque está hecho de material de élite; el de futbol es una mezcla rara de marketing, promesas incumplidas y jugadores que se estancan apenas firman su primer contrato grande.
2. El béisbol mexicano no está rodeado de tantos intereses comerciales
Pero el contraste no se queda ahí, porque en el beisbol no existen los hilos invisibles del futbol mexicano: promotores metiendo mano, representantes moviendo convocatorias, intereses de ejecutivos, decisiones deportivas dictadas desde despachos y no desde la cancha. En el Tri de Benji juega el que rinde. En el Tri de Aguirre juega el que conviene. Así de simple. Así de brutal.
Y mientras en el beisbol los jugadores se concentran para competir, en el futbol llegan a la selección cargando agendas llenas de compromisos comerciales, grabaciones, campañas publicitarias y fotos de patrocinio. La selección de futbol parece un set de producción, no una concentración deportiva. La de beisbol es exactamente lo contrario: un campamento de guerra. Un lugar donde te ganas el respeto en el terreno, no en un anuncio de papitas.
3. Benji tiene mucho más carácter que cualquier DT mexicano
A esto súmale el carácter. El liderazgo de Benjamín Gil es otra liga: dirige con autoridad, con convicción, con intensidad. No baja la cabeza, no se subordina, no se deja imponer nada. Los jugadores creen en él porque él cree en ellos, pero también porque los exige, los incomoda, los pone a competir por cada turno al bat. Del otro lado, el futbol mexicano sigue atrapado en técnicos que se achican ante los directivos, que cumplen órdenes, que toleran vacas sagradas y que terminan gestionando egos en vez de formar un equipo. Benji dirige a sus peloteros; Aguirre dirige a los de pantalón largo.
3. El futbolista no tiene hambre de logro, el béisbolista sí.
Y quizás la diferencia más evidente de todas: hambre. El pelotero mexicano llega al Tri con ilusión, con ambición, con ganas de trascender. Sabe que una gran actuación lo puede poner en los ojos del mundo. El futbolista, en cambio, llega con la vida resuelta, contratos asegurados, cuentas llenas, patrocinadores listos y casi nula urgencia competitiva. El Tri de Benji juega por México. El Tri de futbol juega por… bueno, por todo menos por México.
Pero hay todavía dos factores más profundos. El primero: el béisbol respeta procesos. Se planea, se estudia al rival, se construye una identidad, se da continuidad, se edifica un proyecto. El futbol mexicano vive en la improvisación permanente, quemando técnicos cada dos años y repitiendo los mismos errores de hace veinte. ¿El segundo?
El Tri de beisbol tiene identidad. El de futbol tiene excusas. Los peloteros hablan de orgullo, bandera, historia, legado. Los futbolistas hablan de “sensaciones”, de “procesos”, de “seguir trabajando”, de “ajustar detalles”… discursos vacíos que ya no convencen ni al más ingenuo.
Por eso uno funciona y el otro no. Por eso uno emociona y el otro desespera. Por eso uno se gana el respeto del mundo… y el otro lo pierde cada que pisa la cancha.
El Tri de Benjamín Gil funciona porque tiene liderazgo, hambre, meritocracia, estructura y cero interferencias. El Tri de Javier Aguirre fracasa porque carece de todo lo anterior.
No es un misterio. No es mala suerte. Es cultura deportiva. Y mientras no se cambie, el Tri de futbol seguirá perdiendo partidos… y perdiendo afición.

